Sarcopenia o pérdida de masa muscular: causas y tratamiento

Sarcopenia: significado

La sarcopenia o pérdida de masa muscular es una enfermedad. Representa la pérdida progresiva y generalizada del músculo esquelético. Sus consecuencias más inmediatas son la pérdida de masa muscular, debilidad o agotamiento y una disminución de nuestro rendimiento.

Causas

Las causas de la sarcopenia pueden ser múltiples. Normalmente, suele ser complejo determinar unas causas concretas, ya que en el inicio y el desarrollo de la enfermedad suelen intervenir varios factores, endógenos y exógenos.

Entre las causas endógenas, suelen ser las más comunes la resistencia a la insulina, enfermedades crónicas, cáncer y alteraciones del estado nutricional. Dentro de estas últimas, los TCA (Trastornos de la conducta alimentaria) o las dietas hipocalóricas desequilibradas o demasiado restrictivas son un factor bastante habitual.

Otras causas comunes suelen ser el proceso de envejecimiento por sí mismo, ya que la vejez puede acompañarse de un estilo de vida sedentario, ya sea voluntario o bien, forzado, debido a enfermedades, hospitalizaciones, etc.. También intervienen en la tercera edad como factor desencadenante, los posibles estados de malnutrición, debido a problemas dentales o de deglución. En estos casos, es esencial que un profesional de la nutrición revise y adapte la dieta de estas personas a sus necesidades.

Cómo se diagnostica

El objetivo principal previo al diagnóstico de sarcopenia es cuantificar la masa muscular de la forma más precisa posible. Para ello, son necesarias varias pruebas físicas para medir la fuerza muscular, así como otras pruebas diagnósticas, como la resonancia magnética.

Tratamiento

Una vez diagnosticada la enfermedad, su tratamiento se basa en dos pilares fundamentales: el ejercicio físico (fuerza) y la ingesta nutricional, con una dieta equilibrada, donde el aporte de calorías y de proteínas sea suficiente. Para asegurar la ingesta proteica adecuada, puede recurrirse a la prescripción de suplementos proteicos para complementar la dieta.

En cuanto al ejercicio físico de fuerza, puede realizarse con el propio peso corporal, con pesas o con bandas de resistencia.

Alimentos ricos en proteínas

En una dieta alta en proteínas, es aconsejable basar su ingesta en alimentos de origen vegetal especialmente ricos en proteína, para evitar así un consumo excesivo de grasas saturadas también implícitas en los alimentos de origen animal fundamentalmente proteicos, como la carne y los huevos.

En el caso del pescado, es conveniente incluir pescado azul de pequeño tamaño entre 2 y 3 veces a la semana, por su aporte de ácidos grasos Omega 3, los cuales intervienen en procesos inflamatorios y fortalecen el sistema inmune.

En el mundo vegetal, no obstante, existen múltiples alimentos que aportan proteínas de alto valor biológico, sin incluir grasas no saludables, pero sí un aporte extra de vitaminas, minerales y fibra. Consecuentemente, los beneficios para la salud obtenidos del consumo de estos alimentos son más numerosos que del derivado de alimentos proteicos de origen animal. Estos alimentos son: las legumbres, (el cacahuete también lo es) el tofu y otros derivados de la soja (no ultra-procesados), los frutos secos (éstos pueden consumirse enteros, o bien, en forma de paté o mantequilla, en quesos veganos, en ensaladas, sopas, rebozados, bizcochos o galletas caseros, batidos, bebidas vegetales, etc..); algunas semillas, como la chía y el cáñamo; en vegetales, como la col kale; en oleaginosas, como el guisante, y en algunos pseudocereales, como la quinoa y el trigo sarraceno, principalmente.

¿Cuáles son los síntomas de la sarcopenia?

En cualquier caso, el diagnóstico de sarcopenia debe confirmarlo definitivamente un profesional de la salud. No obstante, podemos observar ciertos síntomas comunes a dicha enfermedad:

  • pérdida excesiva de fuerza: hasta el punto de acusar dificultades para levantarse, sentarse o para caminar.
  • pérdida rápida o excesiva de peso corporal sin causa justificada.

Pronóstico y complicaciones

La sarcopenia es una enfermedad que puede tratarse y superarse en la mayoría de casos, gracias a un tratamiento adecuado.

No obstante, existen ciertos agravantes que pueden dificultar la mejora de la enfermedad o de los síntomas, tales como: el reposo prolongado, fracturas óseas que afecten a grupos musculares grandes y la discapacidad física o mental que imposibilite o dificulte la movilidad.

Las peores consecuencias de la sarcopenia son el empeoramiento de la calidad de vida del individuo e incluso su fallecimiento.



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